lunes, 26 de septiembre de 2011

Idiomas

Ser un pinguino autóctono, un producto nacional, tiene sus inconvenientes. Uno es el idioma. Al viajar, entonces, se generan los primeros problemas. A saber: cómo entenderles a las azafatas lo que vienen a decir u ofrecer.
Este viaje incluía cena y, después, desayuno. Después de lo primero, la aeromoza norteamericana se acercó a preguntarme algo inentendible que terminaba en 'fast':
-Ai dont anderstend -repliqué.
-Ju iu guont drjidefjidskpdsd esfast?
-Sorry, ai dont anderstend
Ella insistió. Miró a mi vecino de asiento. El dijo que no. Yo, entonces, dije 'nou'.

Por la mañana, con insomnio desde hacía horas, veía pasar desayunos de aquí para allá. Mis ojos blancos y negros iban y venían. Mis patitas celestes se movían con la ansiedad del caso. En determinado momento, cansado de que me ignorasen, paré a la señora:
-Ai guont a breakfast

Y ahí entendí qué me estaba preguntando la noche anterior.

Con cara de odio, la señora se fue y volvió, para preguntarme algo, algo que terminaba en 'bdbbdbdesss o dbdereal?':
-Sorry?
-(y lo repitió)
-Sorry?
-(y lo repitió)

Así seguimos un rato, hasta que sacó a relucir su brillante español para preguntarme si quería 'guevos ou cereales'. Le dije cereales.

Es en esos momentos cuando me pregunto por qué el mundo tiene que tener como idioma universal un idioma como el inglés, habiendo otros tan lindos como el italiano, el francés, el portugués o el mismo español que tan bien manejo (?)

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