Ayer, anoche, mientras tomaba una caipirinha a metros de una playa caribeña, conocí a Oli.
Un poco más joven que yo, pero con mayores instintos de grandeza, Oli me explicó por qué maltrataba al pobre camarero que nos traía los tragos y se llevaba, dos por tres, las cenizas de los cigarrillos.
-Es gente que está para servir -dijo, entonces-. Y si a esta gente le das más importancia de la que tiene, se te vuelve en contra. Hay que tenerla ahí -e hizo sonar sus dedos-, al alcance, que no piensen de más.
Con algo de pena, o lástima, le pregunté si alguna vez se había sentido discriminada. Me contó una experiencia europea, un maltrato por 'sudaca'. Intené hacerle ver la similitud.
-Pero éstos son indios -rechazó mi idea-. Les falta el arco y la flecha -rió-.
No compartí la risa. Y entendí cierta parte del odio clasista de cierta -o gran- parte de la oligarquía, que viene desde muy atrás. De ejemplos como el de Sarmiento, que alguna vez -embobado por el 'desarrollo' y las luces europeas- escribió, inmutable: "Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quien mandaría a colgar ahora mismo si reapareciesen (...). Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se les debe exterminar sin siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado".
Así eran, y así son, los que se autoproclaman civilizados. Ahí está Oli, destratando a los que -cree- son demasiado poco para ella.
Por más que antes estén Belgrano y Moreno, banco al cabrón y putañero de Sarmiento, que hizo ni más ni menos que todos nosotros los indios tengamos que pasar por la escuela obligatoriamente. Gloria y loor.
ResponderEliminarCordial saludo,
Germán Arena.
Lo bancás por putañero, Germán. No tengo dudas...
ResponderEliminarY a Oli, murra por gorila y garca...
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